¿Cuándo erais pequeños no soñabais con el hecho de seguir siendo siempre niños por dentro?

¿Cuándo erais pequeños no soñabais con el hecho de seguir siendo siempre niños por dentro? ¿No os imaginabais crecer protegiendo siempre a ese niño o a esa niña interior que todos llevamos dentro? ¿No pensabais “te quiero niño interno, cuidaré siempre de ti, procuraré que siempre quede parte de ti en mí para no caer en una rutina constante, para ser mi yo auténtico”?

De niños, todos somos puros, sinceros, transparentes, nos reímos con las travesuras que hacemos, nos alegramos de hacerlas porque nos reafirmarnos mediante nuestras diabluras y por el hecho de imponer nuestra voluntad. Pero cuando crecemos, nos damos cuenta de que no siempre es tan fácil encajar en el mundo sin fingir ser otra persona. Es triste que ahoguemos a ese niño interior al que un día hicimos una promesa, una promesa sincera. Y de repente, nos encontramos en un cuerpo de adulto, comportándonos de formas que jamás hubiéramos dicho, solo por obtener el beneplácito de los demás. ¿No es penoso depender de lo que los demás esperen de nosotros, traicionando nuestro yo? ¿Nuestra esencia? ¿Pero cuál es nuestra esencia? Si ni siquiera sabemos cuál es. La hemos perdido al intentar contentar a las personas que nos rodean.

 Me doy cuenta de que la vida no es tan complicada. La sociedad ha marcado unos patrones de actuación, pero nosotros somos los responsables de decidir si seguirlos o no. Cada uno de nosotros tiene un ritmo, cada uno de nosotros no somos iguales en esencia. Tenemos valores, rasgos, pensamientos y modos de actuar diversos. Pero no estamos condenados o determinados. Nos condenamos e imponemos a nosotros mismos, lo cual podría resumirse en el hecho de que tememos lo que digan, tememos lo que piensen, tememos ser rechazados. Esto puede llevarnos únicamente a  desconfiar de nosotros y a echar la culpa a los demás, en vez de mirar hacia nuestro interior, ser sinceros con nosotros mismos y preguntarnos qué es lo que queremos realmente para nuestra vida. Pensamos: “Como a él le ha ido bien, si hago lo mismo que él, no tengo ni que pensar, haré lo mismo”. Cuando, en realidad, esto es más complicado que simplemente decir o pensar: “Quiero esto”.

Hace años, el único miedo que tenía era el convertirme en alguien que no quería, dejar a mi niña enterrada, olvidarme de ella. Me he dado cuenta de que no le he sido fiel a ella, sino a los demás. Ella no es pasado, porque forma parte de mí, sigue dentro de mí, solo que ha madurado. Hasta hace poco tiempo, no me había dado cuenta de que me he faltado al respeto a mí misma, pensando solamente en lo que querían o esperaban de mí los demás. Fue entonces cuando me aterroricé y me di cuenta de cómo funcionamos las personas. Quiero a esa niña de verdad, la adoro, quiero a esa niña que algún día soñó, que un día tuvo la esperanza de seguir siendo ella a pesar de lo que pasara. Esa niña de 11 años cuyo mayor miedo era perder su identidad y en un lenguaje infantil “volverse aburrida”. Pues bien, mi niña bonita interna, hoy te hablo y te digo que sigues siendo tú, que te sigo queriendo, que este es mi estado natural. Que ahora vuelvo a soñar, a tener ganas de hacer travesuras contigo, de que me reencontraré contigo. Nunca volveré a ser la que era, pues no soy una niña, pero sí que recogeré esas esperanzas que antaño habitaban en mí y que aún habitan en lo más hondo de mi corazón. Mi niña, te encontraré, para eso nunca es tarde.Imagen

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SOLTAR

“Dejar ir” no significa dejar de cuidar, significa que no puedo hacerlo por otra persona.

“Dejar ir” no es aislarme, es darse cuenta que no puedo controlar al otro.

“Dejar ir” no es permitir, sino reconocer el aprendizaje de las consecuencias naturales.

“Dejar ir” es admitir la impotencia, que significa que el resultado no está en mis manos.

“Dejar ir” no es tratar de cambiar o culpar al otro, es sacar lo máximo de mi mismo.

“Dejar ir” no es cuidar, sino atender.

“Dejar ir” no es reparar, sino ser de apoyo.

“Dejar ir” no es juzgar, sino permitirle al otro que sea un ser humano.

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“Dejar ir” no es estar en el medio arreglando todos los resultados, sino permitir a los otros que influyan en sus propios destinos.

“Dejar ir” no es ser protector, es permitir al otro que enfrente la realidad.

“Dejar ir” no es negar, sino aceptar.

“Dejar ir” no es regañar, reprender o discutir, sino buscar mis propios defectos y corregirlos.

“Dejar ir” no es ajustar todo a mis deseos, sino tomar cada día como viene y apreciarme en él.

“Dejar ir” no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el presente y el futuro.

“Dejar ir” es temer menos y Amar mas.

 

Louise L.Hay

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Niños

 

Niños, no dejéis que os digan que los sueños, sueños son. Que no tienen cabida en este mundo tan complejo y que los sueños son solo fantasías. Sino preguntaros de donde sale todo lo que nos rodea. Pues sí, sale de nuestras mentes, de nuestras ideas. Una mente acompañada de un corazón lleno de esperanza, de anhelo, de deseos de mejorar todo lo que vemos. El mundo en el que nos encontramos está construido a partir de los deseos de muchas personas. Entonces, ¿por qué no de los vuestros? Son sueños igual de esperanzadores, puros y sinceros  que los que tienen los demás. Cuando crezcáis no dejéis que las creencias de otros o la poca confianza que os brindan ahoguen esos sueños con falsas palabras, con envidia, con el anhelo que ellos mismos sienten por no haber cumplido los suyos o porqué simplemente, no han podido cumplirlos por lo que sea, sin juzgarlos, comprendiéndoles, respetando su postura, pero siendo fieles a vosotros mismos. Al dejar nuestros sueños a un lado, dejamos que se pierda una parte importante de nuestra esencia y nos perdemos entre opiniones, pareceres, miedos y consejos de la gente que nos rodea. Eso nos lleva a que un día, seremos la persona que no queríamos ser y recordando cuando decíamos: “Nunca seré así de mayor: aburrido, agobiado… Yo elijo.” Pues bien, todos podemos elegir, solo que hay que tener el valor de seguir, formando un camino a través de los pasos que vamos dando con firmeza, coraje.

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¿Y qué es el valor? El valor no es la ausencia de miedo, porque somos humanos y sentimos todo tipo de emoción o sentimiento. Pero podríamos decir que el valor es, a pesar de ese mínimo temor que se presenta y se planta en nuestro corazoncito, seguir nuestros pasos con convicción, con decisión, con ilusión de que algún día lo que esta guardadito en nuestra cabeza, donde nadie puede entrar, puede llegar a aparecer en el mundo real. Porque recordad que, el mundo tal y como lo vemos, no es más que la imagen que unos cuantos tuvieron en la cabeza y tuvieron ese valor de seguir su sueño, aunque no todo el mundo lo apoyara.

 

                                                       Ainoa AnLo

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“No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices”

– Robert Louis Stevenson –

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RAZÓN VS CORAZÓN

Cuando el corazón va en una dirección y el pensamiento por otro,
no es de extrañar que en la acción se reflejen el miedo y la inseguridad.

* RESULTADO DE HOY:

RAZÓN Y NIVEL DE EXIGENCIA 1 – 0 CORAZÓN Y SENTIMIENTO (venga va, que se que andas por ahí)

El próximo día más y mejor

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¿No va siendo hora de que luches por lo que quieres?

 

Un día te levantas, te miras al espejo y no te reconoces o te das cuenta de que nunca te has dado la oportunidad de conocerte a ti mismo. Sientes que te has sumido en un profundo vacío, un agujero negro del que no sabes cómo salir, o mejor dicho, de que te da miedo abandonarlo. Te miras y te ves cansado, reprimido, harto del día a día y de la monotonía que te envuelve. Y te preguntas: ¿Qué puedo cambiar para sentirme realizado, qué es ese “algo” que me falta para llegar a mí mismo? Ese algo está en ti, en esos enormes deseos de vivir por miedo a fallar, en una parte de ti, en un cajón por miedo a lo que te deparará el futuro. ¿Te vas a morir en vida o vas a salir a luchar por tu identidad? A veces no “vemos” que necesitamos un cambio pero el corazón lo “siente” aunque le ignoremos.

Entonces, un día, llega la ansiada pregunta que en el fondo todos queremos que nos hagan: “¿No va siendo hora de que luches por lo que quieres?”. Hay personas que tienen el don de hacerte llegar tu propia realidad, personas que irrumpen en tu vida de un día para otro sin saber el gran apoyo que supone que estén ahí. Ni siquiera sé si alguien leerá esto, seguramente habrá muchas personas que solamente verán la foto y pondrán me gusta, pero hay veces que no necesitas la aprobación de nadie sino dejar salir todo aquello que está en ti.

Este vídeo representa para mí el reencuentro conmigo misma, las ganas de desprenderme de un pasado en el que mi vida no era mía. El baile me hace darme cuenta de tantísimas cosas que llenaría páginas enteras hablando de él pero a veces una imagen vale muchísimo más, una sonrisa, un gesto…Solamente debemos estar atentos a esos pequeños detalles que nos definen y no dejar que éstos se desvanezcan en la rutina, porque si no… estamos muertos. Es tan fácil como tenderle la mano a la persona que tiene al lado y preguntarle: “¿No va siendo hora de que luches por lo que quieres?”.

http://www.youtube.com/watch?v=vUmIZmRhZoo

 

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“Cuando dejo at…

“Cuando dejo atrás mis miedos, me siento LIBRE.
Ahora solamente me queda el camino de retorno a la vida”.

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